China acelera su apuesta por el coche eléctrico

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En las líneas de producción de la planta del fabricante de automóviles chino JAC Motors se fabrican desde hace siete años tanto coches de combustión como eléctricos. Los segundos son aún una minoría, pero a partir del próximo año una alianza multimillonaria con el gigante alemán Volkswagen triplicará la producción de estos vehículos sostenibles. El acuerdo, dicen los responsables de esta empresa con base en la ciudad china de Hefei, lo causó “un flechazo” entre ambas compañías. La realidad no es tan romántica: Pekín ha decidido apostar decisivamente por el coche eléctrico, lo que obliga a todos los actores a reaccionar rápidamente si no quieren perder posiciones en el primer mercado automovilístico del planeta.
El Gobierno chino está haciendo todo lo posible para que el futuro de su industria automovilística sea eléctrico. Por el lado de la oferta se han tomado medidas agresivas: a partir de 2019, cualquiera que produzca o importe en China más de 30.000 vehículos deberá asegurarse que al menos un 10% de estos sean eléctricos o híbridos enchufables. Esta cifra ascenderá a un 12% en 2020 y está previsto que siga subiendo. Los que no estén en condiciones de cumplir con estas cuotas deberán comprar créditos a aquellos que las sobrepasen, pagar multas o abandonar el mercado chino.
Los fabricantes domésticos están mejor posicionados para atenerse a estos requisitos porque, como JAC Motors (de propiedad estatal), llevan años produciendo coches eléctricos. En el caso de los extranjeros, las opciones son limitadas: si quieren fabricar en territorio chino, están obligados a crear una empresa conjunta con un fabricante local, lo que supone compartir tecnología, know-how y beneficios. La alternativa es no producir dentro del país y exportar los vehículos hasta allí, en cuyo caso hay que cargar con un doloroso arancel del 25%.
Volkswagen ha decidido invertir 10.000 millones de euros hasta 2025 para desarrollar y producir, junto a JAC Motors, 40 nuevos modelos eléctricos dirigidos al mercado local. Wang Dongsheng, subdirector general de este fabricante chino, aseguró a este periódico durante una reciente visita a sus instalaciones en Hefei organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores chino que el primer modelo conjunto se presentará en pocos meses, “un deportivo utilitario que costará menos de 200.000 yuanes (25.500 euros)”, y que empezará a venderse en el segundo semestre de 2018. Ambas compañías abrirán una fábrica el próximo año. Daimler, Toyota, Renault-Nissan, BMW o General Motors han anunciado planes similares para multiplicar su producción de vehículos eléctricos en el país.
Además de influir en la oferta, el Gobierno chino ha actuado de forma decisiva también para espolear la demanda de estos vehículos. Los consumidores los adquieren por los descuentos sobre el precio de compra, los beneficios fiscales, las facilidades de financiación y sobre todo la posibilidad de sortear el sistema de lotería para conseguir una matrícula. Según un análisis de la agencia de calificación crediticia Fitch, los subsidios a los coches eléctricos en China son de los más extensos del planeta, solamente por detrás de Noruega. Y a pesar de los incentivos, los 507.000 vehículos eléctricos vendidos durante el año pasado no suponen ni el 2% del total.
“En las grandes ciudades, donde se aplican grandes restricciones a las matrículas y a la conducción, los consumidores quieren vehículos eléctricos porque simplemente les permite lograr tener un coche, no tanto porque tengan una mayor conciencia medioambiental. La demanda real aún no existe”, sostiene Xing Lei, editor del portal China Automobile Review.
El gobierno ha anunciado que las ayudas desaparecerán de forma paulatina al mismo tiempo que entre en vigor el sistema de cuotas de producción, así que serán los fabricantes los que tendrán que espabilarse para rebajar el precio de sus vehículos. “Teniendo en cuenta que la demanda está impulsada por el Gobierno, ¿cómo de realistas son estas cuotas cuando se retiren los subsidios? En este momento la respuesta no está clara”, aseguran desde la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China.
Wang, alto directivo de JAC Motors, dice no estar preocupado por la retirada de los incentivos a la compra: “Para nosotros es una buena noticia. Llevamos muchos años innovando y estamos seguros de que, una vez el Gobierno se aparte, seremos competitivos en términos de coste y tecnología. Aquellos que no lo consigan morirán y esto ayudará a regular el mercado”.
China está forzando desde arriba su particular revolución del coche eléctrico confiando en que estos vehículos serán competitivos dentro de un par de años a medida que se expande la infraestructura de carga y disminuye el coste de las baterías. En lo primero, se invertirán 25.000 millones de yuanes (unos 3.200 millones de euros) en los próximos dos años para construir nuevas estaciones que se sumen a las más de 171.000 existentes. En lo segundo, los fabricantes chinos invierten centenares de millones en I+D y en adquisiciones de empresas mineras en Australia, Sudamérica y África para asegurarse el suministro de litio y el cobalto, imprescindibles para las baterías.
“Hay una implicación enorme por parte del Gobierno, las empresas actúan rápidamente y los consumidores parecen dispuestos a asumir riesgos. Lo hemos visto en otras industrias como los paneles solares: Si hay que hacer algo, China lo hace”, resume Xing.

Fuente: elpais